Alba
El clérigo malvado
Un hombre grave que parecía inteligente, con ropa discreta y barba gris, me hizo pasar a la habitación del ático, y me …
La mujer fría
Blanca, envuelta en el amplio peinador de crespón amarillo, con la cabellera ceniza y rizosa cayendo sobre los hombros desnudos, pare…
El fingimiento feliz
Hay muchísimas mujeres que piensan que con tal de no llegar hasta el fin con un amante, pueden al menos permitirse, sin ofender a su …
Polaris (SP-EN)
El que inventó la pólvora
Uno de los pocos intelectuales que aún existían en los días anteriores a la catástrofe, expresó que quiz&…
Hay sitio para dos
Una hermosísima burguesa de la calle Saint-Honoré, de unos veinte años de edad, rolliza, regordeta, con las carnes m&aa…
Las bodas de Caná
Confesiones de una mujer
Amigo mío, me ha pedido usted que le cuente los recuerdos más vivos de mi existencia. Soy muy vieja, sin parientes, sin hijos;…
Del canto de mí mismo
Me celebro y me canto.
Lo que me atribuyo también quiero que os lo atribuyáis,
Pues cada át…
Te quiero
Tus manos son mi caricia,
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.
Si te quiero es por…
Continuidad de los parques
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regr…
La novela de Raimundo
-¿Suponéis que no hay en mis recuerdos nada dramático, nada que despierte interés, una novela tremenda? -nos dij…
Una mujer sin prejuicios
Maxim Kuzmich Salutov es alto, fornido, corpulento. Sin temor a exagerar, puede decirse que es de complexión atlética. Posee u…
Los días
¡No es completa desgracia,
que por ser hoy mis días,
he de verme sitiado
de incómoda…
Lo imposible
¡Ah! esa vida de mi infancia, la gran ruta accesible en todo tiempo, sobrenaturalmente sobrio, más desinteresado que el mejor d…
Una noche terrible
Palideciendo, Iván Ivanovitch Panihidin empezó la historia con emoción:
-Densa niebla cubría el pueblo, cuando, …
El cornudo consolado
Poco tiempo hace vivía en Perusa un riquísimo sujeto llamado Pedro Vinciolo, muy conocido por su afición a los placeres…
La palabra
... Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas…
El pozo y el pendulo
I
Estaba agotado, agotado hasta no poder más, por aquella larga agonía. Cuando, por último, me desataron y pude sentar…
El famoso cohete
El hijo del rey estaba en vísperas de casarse. Con este motivo el regocijo era general.
Estuvo esperando un año entero…