Alba
El caballero sobre el hielo
Era un invierno largo y riguroso, y nuestro hermoso río, que discurría por la Selva Negra, permaneció durante semanas c…
Platero y Yo
Dondequiera que paro, Platero, me parece que paro bajo el pino de la Corona. Adondequiera que llego—ciudad, amor, gloria—me parece que llego…
En la cripta
Nada más absurdo, a mi juicio, que esa tópica asociación entre lo hogareño y lo saludable que parece impregnar l…
Una mujercita
Anoche cuando dormía
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
…
Hop-Frog
Jamás he conocido a nadie tan dispuesto a celebrar una broma como el rey. Parecía vivir tan sólo para las bromas. La ma…
La duquesa y el joyero
Para noche de insomnio
Ningún hombre, lo repito, ha narrado con más magia las excepciones de la vida humana y de la naturaleza, los ardores de la cu…
El ahijado de la muerte
Un pobre hombre tenía doce hijos y necesitaba trabajar día y noche para poder darles pan. Cuando el decimotercero vino al mund…
La confesión de un crimen
En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cinco y media nada más. A falta de personas fo…
Leyenda del Cadejo
Y asoma por las vegas el
Cadejo, que roba mozas de
trenzas largas y hace ñudos
en las crines de los caballos
Madre Elvira de San Fra…
El patito feo
¡Qué lindos eran los días de verano! ¡Qué agradable resultaba pasear por el campo y ver el trigo amarillo, …
Un árbol de Noel y una boda
Hace un par de días asistí yo a una boda... Pero no... Antes he de contarles algo relativo a una fiesta de Navidad. Una boda e…
Poderoso caballero es Don Dinero
El Lazarillo de Tormes (Tratado 6)
La leyenda de Don Juan Tenorio
Corre el tiempo, crece el día,
y el palacio en honda calma,
mudo cual cuerpo sin alma,
parece tumba vacía.
Mansi&…
El asesino
El culpable era defendido por un jovencísimo abogado, un novato que habló así:
-Los hechos son innegables, señor…
Deseo y posesión
Las charadas ya no están de moda. ¡Qué tiempos tan buenos para los poetas eran aquellos en que Le Mercure proponí…
La novela en el tranvía
- IV -
Andando, andando seguía el coche y ya por causa del calor que allí dentro se sentía, ya porque el movimiento pau…