Alba
Muerte, no seas mujer
Estás dormida a dos metros de mí.
En lugar de escribir me pongo a mirarte.
¡No hay nada que decir!
…
Carta a dos desconocidas
Todavía no sé cuál es tu nombre. Te siento tan mía que llamarte de algún modo sería como separarm…
La princesa y el granuja
- XIII -Discurrieron por los salones en parejas. Migajas daba el brazo a su consorte.
-¡Es lástima -dijo ésta-, qu…
Un cuento
I
Cuando comprendí que era indispensable escribir un cuento, que me había comprometido solemnemente con el editor, al cual deb…
Cuento de invierno
Una historia de fantasmas
Fui a una gran habitación, lejos de Broadway, de un gran y viejo edificio cuyos departamentos superiores habían estado vac&ia…
El vampiro
Sucedió en medio de las disipaciones de un duro invierno en Londres. Apareció en diversas fiestas de los personajes má…
El socio
Lo primero que escucharon al llegar a la estación fue que el bote de salvamento había regresado con el segundo de a bor…
Biografías breves
Isaac Asimov (1920/1992), escritor y bioquímico nacionalizado estadounidense, nació el 2 de enero de 1920 en Petrovichi, …
Autobiografía burlesca
Dos o tres personas me escribieron en diferentes ocasiones diciéndome que si yo publicaba mi autobiografía tal vez la leer&iac…
Iván el imbécil (Cap. 1)
En una comarca de cierto reino vivía un rico mujik.
Este mujik tenía tres hijos: Seman el …
Los muchachos
-¡Volodia ha llegado! -gritó alguien en el patio.
-¡El niño Volodia ha llegado! -repitió la criada Natalia …
Fragmentos para dominar el silencio
I
Las fuerzas del lenguaje son
Las damas solitarias, desoladas,
Que cantan a través de mi voz
Que escucho a …
Los tres cosmonautas
Había una vez la Tierra.
Y había una vez Marte.
Estaban muy lejos el uno de la otra, en medio del cielo, y alrededor h…
Tres héroes
Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dó…
Entre sueños
Hace pocos días entré en una tienda de tiroleses, y como había de fijarme en otra cosa, me fijé en un reloj de …
Nada te turbe
Meter al diablo en el infierno
Alibech se hace ermitaña, y el monje Rústico la enseña a meter al diablo en el infierno, después, llevada de all…
Lo que puede el dinero
Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
Al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo al mudo le hace ha…
Una historia de amor
II
Se respiraba en el casón de Liduvina el aburrimiento de una oscura tristeza. Había en él rincones mohosos, siempre…