Alba

La amante de Santiago

Leído por Alba


Ramón Gómez de la Serna



Todos los amigos de Santiago estaban sorprendidos de aquella predilección suya por una mujer de aspecto tan vulgar. …

Árboles hombres

Leído por Alba


Juan Ramón Jiménez



Ayer tarde,  volvía yo con las nubes que entraban bajos rosales (grande ternura redonda) entre los tronc…

El sonámbulo

Leído por Alba


Luis Cardoza y Aragón



  Tú por tu cielo, y por el mar las naves. Gerardo Diego Vela sin viento que no fue rumbo. Piedra lejos del arco y…

Muerte del cabo Cheo López

Leído por Alba


Ciro Alegría



Perdóneme, don Pedro… Claro que esta no es manera de presentarme… Pero, le diré… ¿Cómo podría explicarle…

Yo fuí

Leído por Alba


Luis Cernuda



Estoy cansado

Leído por Alba


Luis Cernuda



Peregrino

Leído por Alba


Luis Cernuda



El andaluz

Leído por Alba


Luis Cernuda



La mariscadora

Leído por Alba


Baldomero Lillo



Sentada en la mullida arena y mientras el pequeño acallaba el hambre chupando ávido el robusto seno, Cipriana con los ojos h&…

Cantarcillo

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Pedro Calderón de la Barca



Ruiseñor que volando vas, cantando finezas, cantando favores, ¡oh, cuánta pena y envidia me das! Pero no, …

Una ballena en el Manzanares

Leído por Alba


Antonio de Trueba



... En el portillo de Gilimón [de Madrid] .... vivía un tal Alvar, que gozaba de gran celebridad en Madrid. Alvar er…

Fue una alegría

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Miguel Hernández



Fue una alegría de una sola vez, de esas que no son nunca más iguales. El corazón, lleno de historias trist…

Cubrir los bellos ojos

Leído por Alba


Gutierre de Cetina



Cubrir los bellos ojos con la mano que ya me tiene muerto, cautela fue por cierto; que ansí doblar pensastes mis en…

Cutufato y su gato

Leído por Alba


Rafael Pombo



Quiso el niño Cutufato  Divertirse con un gato;  Le ató piedras al pescuezo,  Y riéndo…

Soneto moral

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Juan Bautista Aguirre



No tienes ya del tiempo malogrado en el prolijo afán de tus pasiones, sino una sombra, envuelta en confusiones, que…

El nido de gorriones

Leído por Alba


Joaquín Dicenta



Ancho, huesoso, atlético, con los hombros robustos, las piernas fuertes y el cuerpo encorvado por la edad, era el tío Roque un…

Un triunfo más

Leído por Alba


Joaquín Dicenta



Fue una verdadera desgracia para la condesa el fallecimiento de su marido. Eran tan felices, formaban tan encantadora pareja, el uno con su …

El beso

Leído por Alba


Fabio Fiallo



A Ismael de Arciniegas Un día el viejo monarca de los gnomos me dijo: –Pagado estás, oh poeta, del carmín que bulle en …

Las cerezas

Leído por Alba


Fabio Fiallo



A Rubén Darío Cuando yo sumaba apenas trece años, ya la adolescencia había ceñido a la blanca frente de m…

La rebanadita de pan

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Juan Eugenio Hartzenbusch



Ya sentado a su mesita Basilio para cenar, en su cuarto, sin llamar, entrósele una visita. Era una bella señ…

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