Alba
Las ruinas circulares
Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los po…
Juan Salvador Gaviota
TERCERA PARTE
Capitulo 11
Pedro sacudió la cabeza, extendió sus alas, abrió sus ojos, y se halló al pie de la ro…
Hamlet
La metamorfosis
El sexo de los ángeles
Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se rela…
El corazón delator
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco…
El fin
Recabarren, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, un…
Sueño de una noche de verano
La noche boca arriba
Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
le llamaban la guerra florida.
A mitad del largo zaguán del ho…
Tu más profunda piel
Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco rubio …
La historia de los duendes que secuestraron a un enterrador
En una antigua ciudad abacial, en el sur de esta parte del país, hace mucho, pero que muchísimo tiempo -tanto que la historia…
El origen del mal
En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión d…
Romeo y Julieta
Una mujer soñadora -Thomas Hardy- AlbaLearning Audiolibros y Libros Gratis
La señora Marchmill abrió uno de los libros y vio, escrito en la primera página, el nombre de su dueño.
—¡…
La casa de Asterión
Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su d…
Estas navidades siniestras
“Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tant…
El otro yo
(La muerte y otras sorpresas, 1968)
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historiet…
La máscara de la muerte roja
Hacía tiempo que la Muerte Roja devastaba el país. Nunca hubo peste tan mortífera ni tan horrible. La sangre era su emb…
La señora en el espejo
La prueba de amor
Después de conseguir el permiso de la priora para salir unas horas, Angeline, interna en el convento de Santa Anna, en la peque&ntild…