Alba
Celephais
En un sueño, Kuranes vio la ciudad del valle, y la costa que se extendía más allá, y el nevado pico que dominab…
Economía práctica
...Hay personas que cifran todo su orgullo en comprar barato, como le sucede a un tío mío, hombre muy nervioso y algo ira…
Todavía
No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
…
El elixir de larga vida
En un suntuoso palacio de Ferrara agasajaba don Juan Belvídero una noche de invierno a un príncipe de la casa de Este. En aqu…
El poema vivo del amor
Un atardecer de primavera vi en el campo a un ciego conducido por una doncella que difundía en torno de sí nimbo de reposo. Er…
Soledad
(Homenaje a Fray Luis de León)
Difícil delgadez:
¿Busca el mundo una blanca,
total…
Canción
Cada vez, cada vez que considero
Que no he de ver ya más al bien que adoro,
Suelo exclamar: «¿Por qué…
Aventura incomprensible
Todavía no hace cien años, en varios lugares de Francia perduraba aún la absurda creencia de que, entregando el alma al…
Solo
Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de ciga…
La herencia de la bruja
Cuando las dos amigas se quedaron solas, en la amplia habitación que servía de taller a la talabartera, Nicolasa, cediendo a l…
La española inglesa (1)
La leyenda de Don Juan Tenorio
Corre el tiempo, crece el día,
y el palacio en honda calma,
mudo cual cuerpo sin alma,
parece tumba vacía.
Mansi&…
Una cena muy original
Fue durante la decimoquinta sesión anual de la Sociedad Gastronómica de Berlín cuando el presidente, Herr Prosit, hizo…
El amar y el querer
La doncella de Tilhouze
El señor de Valesnes, pintoresco lugar cuyo castillo no está lejos de la aldea de Tilhouze, habíase casado con una d…
Las preocupaciones de un padre de familia
Amor
¡Amar a una mujer, sentir su aliento,
y escuchar a su lado
lo dulce y armonioso de su acento;
tener su boca a nuestr…
La muerte de Iván Ilich (Cap. 12)
A partir de ese momento empezó un aullido que no se interrumpió durante tres días, un aullido tan atroz que no era posi…
El misterio de los tres suicidas
Después de todo, siempre queda en la historia un aspecto de misterio que provoca todavía inagotables comentarios en la Coloni…
Platero y Yo
Dondequiera que paro, Platero, me parece que paro bajo el pino de la Corona. Adondequiera que llego—ciudad, amor, gloria—me parece que llego…